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Luis G. Abbadie
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Realidad dogmática Vs. realidad mítica - la superstición de los escépticos

Una y otra vez intento aportar un poquito a contrarrestar los desenfrenos de quienes se dejan llevar por ideologías insanas, a pesar de que en opinión de muchos, mi propia ideología es igualmente demencial. Al final, todos nos quedamos con el mundo en que vivimos –en que cada uno vive; un mundo definido por nuestras percepciones, y por nuestros intentos por asimilarlas. Cada día que pasa me convenzo más de que Robert Anton Wilson tenía toda la razón: la realidad misma es relativa. Hasta qué punto la define cada uno de nosotros, no lo sé… lo inquietante es cuando la definición de uno invade el mundo de otro. Es cuando nacen los paradigmas, los gurús… cuando el estira y afloja de las percepciones colectivas de la humanidad dan un cierto empujón en una dirección determinada.

¿Qué tan metafórico es esto? A veces me da miedo especular al respecto. Pero lo hago.

¿Qué tiene esto que ver con mis empeños ocasionales de divulgación más o menos escéptica? Qué quieren, tengo muchas cosas en mente hoy… pero todas ellas son facetas de este mundo. De este mundo extraño.

Soy lector asiduo de algunos blogs escépticos; sólo de algunos, aclaro, pues no desperdicio un minuto en los de los seudoescépticos fanatizados que creen que reírse y burlarse de un tema equivale a desbancarlo. ¡Claro que yo me burlo sin parar! Pero noten que mis carcajadas recurrentes en torno al 2012 y los mayas galácticos son acompañadas de artículos ocasionales en los que planteo el cómo y por qué no puedo tolerar tales ideas. Los que me fastidian son los escépticos autoetiquetados que no tienen más argumento que la risa.

No es raro que estos mismos sean los que más desdeñan mis propios trabajos; no se me olvida el triste caso de cierto excelente investigador escéptico que acabó por tirar la toalla cuando se hartó de las agresiones y desdén de los demás escépticos, los cuales lo tachaban de hipócrita por ser un católico devoto. Al parecer, el único escéptico real es el ateo; y lo siento pero en mi muy personal opinión, entre el ateo recalcitrante y el enajenado de los delfines cósmicos y el cinturón de fotones, no hay más diferencia que los colores pastel que el segundo usa en su blog. Ambos son personas que viven en un mundo blanco y negro; extremistas, radicales, convencidos de que quien no comparta su mundillo personal, es un caso perdido. ¡Así como yo los veo como casos perdidos desde mi mundillo personal, por supuesto! Pero a eso voy… algunos nos permitimos reírnos de nosotros mismos; los verdaderos fanáticos no soportan hacerlo.

Cuando tengo la oportunidad, contribuyo a desmantelar algún fraude; sin embargo, no siempre lo hago. Hay temas que toco de pasada pero no me parecen propicios para ello. Por ejemplo, la leyenda de Regina Teuscher; sí, la evidencia apunta a que su historia es una creación literaria, o cuando menos, una mitificación de una historia más modesta. Pero a decir verdad, cuando veo a las personas que han conseguido hacer las paces con un terrible episodio en sus vidas gracias a la novela de Antonio Velasco Piña, me doy cuenta de que aun si la evidencia definitiva que eliminara toda verosimilitud del mito estuviera en mis manos, no la usaría; no querría ser responsable de semejante crueldad.

¿Es real la Regina iniciada y mártir? ¿O sólo la Regina estudiante, activista y víctima? Si la verdadera es la segunda, su familia tiene todo el derecho de indignarse; pero aun así, la Regina iniciada es necesaria para tantas personas, es real para tanta gente que necesita de su realidad para no hundirse… y más que eso, ha alcanzado un carácter simbólico que trasciende el que haya sido real o no. Si no es real, debería serlo; porque todo pueblo necesita mitos, y México escasea.

Muchos dicen que esa interpretación mítica, esotérica, de la tragedia de Tlatelolco, la desvirtúa, quita seriedad y valor a la terrible pérdida de vidas, a la sangre derramada, al shock que sacudió a la nación. Otros tantos dicen que el mito le da un sentido a la tragedia, permite sobrellevar el peso. A pesar de todo, yo me inclino por lo segundo. Comprendo perfectamente la mentalidad que ve en el episodio social y político algo que no debe enturbiarse con ambigüedades místicas; sin embargo, pienso que si México sufre de tal decadencia social y política en estos días, se debe a que la nuestra es una cultura desprovista de mitos, de magia, de trascendencia.

Esto lo entiende muy bien el Subcomandante “Marcos”, otro mito viviente y autocreado, quien siempre tuvo cuidado de subrayar el doble carácter social/humano y místico/simbólico de cada una de sus acciones y de las actividades del EZLN. No es nada extraño; lo hacía sobre todo dirigiéndose a los tzeltales, tzotziles, choques, tojolabales… a las comunidades indígenas que, como tales, conservan esa cosmovisión mítica, en la que cada acto humano de importancia posee un reflejo y contraparte en las estrellas. Esa cosmovisión que el México urbanista y progresista anhela de manera instintiva, y por ello se refugia en cualquier barbaridad de la metafísica newagera… y sobre todo se aferra como si de anclas se tratara a los pocos mitos antiguos y modernos que en verdad reflejan una parte de su consciencia: la Guadalupe, patrona de los mexicanos, o Regina, la Reina de México.

Por ello, si Velasco Piña lo inventó todo, no seré yo quien se lo reproche; de todas maneras, las evidencias y argumentos que se le oponen allí están, al alcance de todos… y aun así, el mito de Regina ha crecido demasiado, México lo ha nutrido al reconocerlo necesario… al reconocerse en él. De la misma forma que Marcos y los demás autores de la tilma de Guadalupe (que a todas luces no es obra de un individuo, ni de una época concreta, sino algo mucho más complejo) hicieron algo que los rebasa. ¿Efigie falsa para manipular al pueblo sometido y orillarlo a la conversión? Me temo que esa es una visión tan reduccionista que sólo el ateo más acérrimo, que por aferrarse a su fe es capaz de cerrar los ojos ante los hechos, puede sostener. Y con esto no estoy diciendo que no HAYA existido ese propósito… sino que en tal caso, este era sólo un elemento entre muchas fuerzas y propósitos en juego. Pero no será hoy que me inmiscuya en la vieja polémica de la Guadalupe, ni mucho menos en la de Regina Teuscher, más allá de lo que he dicho.

Vaya otro ejemplo: conozco a personas ansiosas por desbancar el mito de la “Vieja Religión” de Murray, demostrar que Gerald B. Gardner se inventó la Wicca, que Sybil Leek no perteneció a ningún linaje brujeril arcaico. Algunos wiccanos me han agarrado coraje por señalar lo obvio acerca de Gardner, pero en este caso mi intención nunca fue desenmascarar una falsedad, sino sencillamente contrarrestar la información. Extraño cómo para algunos wiccanos eclécticos la legendaria antigüedad de la Wicca como una “Vieja religión de los celtas” es tan fundamental, mientras que los Gardnerianos, los adeptos de la Wica o Wicca original que instauró Gardner, la estructuración de la misma a manos del viejo Gerald se acepta por default y no les causa problema, y el aprendizaje de Gardner con algunos brujos tradicionales de algo muy distinto a lo que el posteriormente construyó como Wica o Wicca, les parece una curiosidad histórica fascinante… no una herejía como parecen tomarlo ciertos wiccanos que a Gardner y sus enseñanzas sólo los conocen de oídas.

En cambio, están también los “anti-wicca” con quienes con frecuencia soy catalogado, que aparentemente piensan que al documentar el origen relativamente reciente de la Wicca, van a desacreditar o desbancar a los wiccanos modernos. Y lo peor es que éstos, ansiosos por incluirme entre sus filas, de vez en cuando buscan mi corroboración. Pero con la Wicca sucede lo mismo que con la Guadalupe, y lo que cada día sucede más con Regina: reúne todas las evidencias de su origen humano, del carácter irreal de su leyenda –la transmisión de la Wicca desde tiempos célticos, la aparición divina de la pintura en la tilma, la juventud de Regina bajo el tutelaje de los lamas-, desmiente en su totalidad todo esto… y ni la Wicca, ni la Guadalupe, ni Regina pierden un ápice de fuerza, o de realidad.

El problema aquí es que los detractores parten de la perspectiva del dogma: la Iglesia católica se ve amenazada cada vez que la ciencia, los hechos duros, contradicen o desmienten alguna de sus afirmaciones; por eso requirió décadas de justificaciones y debates el que el vaticano empezara a aceptar la búsqueda de interpretaciones alegóricas del Génesis que fuesen compatibles con el evolucionismo, a incluso ahora un sector considerable de católicos y cristianos consideran al evolucionismo una mentira de los enemigos de Dios. Por eso descubrimientos polémicos como la urna funeraria del hermano de Jesús, o la tumba de Judas que aparentemente habría muerto más de una década después de la crucifixión contradiciendo a los Evangelios, causan escándalo e indignación.

La Iglesia ha convertido las narraciones bíblicas en verdades dogmáticas; muchísimos católicos consideran que los hechos descritos en su libro sagrado deben por fuerza ser literales y verdaderos, y por consecuencia, los detractores del cristianismo se deleitan en subrayar las a veces obvias equivocaciones y contradicciones bíblicas, porque con ello sienten que hacen tambalear al catolicismo. En realidad, me parece que tales detractores hacen tambalear al catolicismo dentro de sus propias consciencias, ya que al hacer esto, están justificando y reforzando el haberse apartado de una fe que los condicionó a aceptar todos esos hechos como verdad incuestionable.

Por razones similares, sospecho, los “nuevos ateos”, los escépticos radicales, y cualquier otro grupo de detractores de cosas como la Wicca, o la Guadalupe, o Regina, parten de una postura similar en su guerra contra los mitos. El mismo hecho de poder llamar a la historia arcaica de la Wicca un “mito”, de que hay libros titulados “El mito guadalupano” y similares, de que hay una Regina histórica distinta de la Regina mítica, parece darles confianza en la irrebatibilidad de sus argumentos. Cuando los creyentes, los verdaderos creyentes, pueden escucharlo todo, encogerse de hombros, y decir “¿y qué?” Y esta respuesta, supremamente irracional a los ojos de los escépticos, es inconcebible, incomprensible, por lo que la suponen un acto de negación, de terquedad, de simplemente no querer reconocer que tienen la razón, ya sea por fanatismo, o por orgullo.

Pero esto no es así.

Aclaro: tales argumentos sí son una amenaza para gran parte de los devotos guadalupanos, pero estos serían precisamente para quienes tal devoción es una extensión de su fe católica, ya que están aplicando de nuevo el dogmatismo literalista cristiano. Pero el culto guadalupano va mucho más allá del catolicismo, eso es otra cosa de la que algunos no se han dado cuenta.

Tampoco estoy hablando de un relativismo arrevesado como el de Anton LaVey, cuya justificación del satanismo era decir “sabemos que Satán es un invento, pero los cristianos adoran a Cristo que también es un invento creyendo que es real, en cambio nosotros adoramos a Satán sabiendo que no existe y así somos más inteligentes”… nunca voy a entender esa especie de lógica. No, no hablo de nada semejante.

Hablo de la verdad mítica, muy distinta de la verdad literal.

Un fundamento del pensamiento pagano, la verdad mítica. Un mito puede ser desmenuzado hasta que es completamente demostrado que los hechos que describe no pueden ser sucesos literales, incluso desde la lógica más elemental. Y el pagano que se enfrenta a este hecho sólo puede decir una cosa: “¿Y qué?” Sí, la meteorología puede comprobar de manera contundente que no hay una estancia en el firmamento desde donde los tlaloques arrojan la lluvia a jicarazos. ¿Y qué?, dirá el campesino náhuatl; eso no cambia que los tlaloques echarán más lluvia si les pedimos ayuda.

El mito no es una verdad literal; el dogmatismo literalista no es para el pagano. Es verdad que hay individuos que caen en ello, siempre los habrá; pero no es una regla. No es un dogma. Por eso es errado pensar que todos los paganos son idólatras: remndir culto a una efigie de madera no significa creer que esa efigie ES el dios; sin embargo, el Dios se hace presente en ella y entonces, ES el dios. Por otro lado, sí hay quienes caen en esa confusión: paganos y cristianos son idólatras a veces, véase si no a los devotos que dicen cosas como “la virgen de Zapopan es más milagrosa que la de la iglesia del Perpetuo Socorro”.

Los mitos explican cómo son las cosas para transmitir una verdad: ya sea una verdad natural, ética, social, o moral. Pero el que los hechos descritos en ese mito sean cosas que jamás sucedieron literalmente no le quita un ápice de validez a esa verdad que alegorizan. Por eso también me parece ociosa la campaña entre los paganos y wiccanos en contra de los Tiempos de la Hoguera. Sí, es infantil creerse aquello de que “millones de wiccanos fueron perseguidos por la inquisición”; pero me parece un mito perfectamente válido, un mito moderno, una alegoría de la intolerancia. Igual que lo es la idea de que la Wicca es la “Vieja Religión” sin ser vieja: pues busca serlo, arraiga en lo antiguo. Lo malo es caer en el dogmatismo cristianoide y creer que esa es una verdad histórica, o peor, falsear más las cosas y decir que la Wicca proviene de los druidas o alguna cosa semejante… y afirmarlo como un hecho. Cuando buscamos fundamentar tu fe en hechos literales e históricos, estamos cayendo en el formato cristianocatólico que actualmente es un talón de Aquiles del cristianismo y está permitiendo que su poder se debilite con cada día que pasa. Por eso los wiccanos y paganos más centrados no conciben siquiera que la verdad histórica de tal o cual hecho valide o desmienta una fe. Y por eso la Wicca está a salvo; así como la Guadalupe, e incluso Regina la dakini. Porque se remontan a los arquetipos, y un arquetipo es verdad en la consciencia, aun cuando no sea un hecho palpable; porque representan algo más grande, y muy real, y la manera en que los hechos fueron o no fabricados no es sólo la urdimbre del mito, sino la manera que encontró eso que está más allá, para manifestarse ante nosotros, en nosotros.

“¿No es extraño que muchas criaturas y dioses mitológicos tengan tantos brazos y cabezas? ¿Y si no los tenían? ¿Y si el perro dios del inframundo, Cerbero, sólo tiene una cabeza, pero la está agitando hacia delante y hacia atrás a través de un tipo distinto de espacio? Kali. ¿Y si sólo tiene dos brazos, y están bailando al estilo de lo que sería el espacio en "Desnudo Bajando una Escalera" de Marcel Duchamp, donde todos los momentos existen a la vez?

“No lo sé. Mi intuición es que va a haber mucho más de esto a medida que este siglo empiece a evolucionar. Creo que vamos a empezar a mirar al conocimiento antiguo en su propio contexto, en lugar de imponer nuestro punto de vista arrogante occidental de los siglos XIX y XX sobre ello.


“Jeremy Narby ha situado la extraña posibilidad de que el ADN pueda estar vivo y consciente, y de que podamos comunicarnos con él, [ríe] en ciertos estados extremos, y él con nosotros. Así que el dios serpiente podría ser una proyección de la consciencia del ADN. Todo eso tiene algún punto interesante”.

-Alan Moore

 


Tags: alan moore, articulos, dioses, escepticos, gerald gardner, newageros, regina, wicca
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