November 26th, 2013

Wisdom, bloody fairies

Murmullos

Escribí este cuento cuando me invitaron a contribuir para un número de Tierra Adentro dedicado a Rulfo. Al final, no me sorprendió que únicamente aceptaran un breve artículo y no el cuento. Puesto que me parece obvio que hay circunstancias que harían imposible su publicación en libros o revistas, lo dejo aquí. Por supuesto, la novela Pedro Páramo y todos sus personajes son obra y propiedad de Juan Rulfo.

                                                                                   Murmullos


                                                                                                           A Ramón Muñiz Sos a

                                                                                                 Sí, Dorotea, me mataron los murmullos…
                                                                                                                                             -Rulfo

“Vine a Comala porque me dijeron que acá había soñado y escrito un tal Juan Rulfo. Sus libros me lo dijeron. Y yo le prometí que seguiría su rastro…”
Ramón se quedó mirando ese primer párrafo de su ya largo manuscrito. El papel amarilleaba bajo la vela –la electricidad nunca nació en Comala-, como si llevara ya muchos años de estar esperando…
…escribiendo…
…hasta el final de la noche, que nunca llegaba.
“Era como él lo había descrito: el mismo destierro de la vida, la misma magia de la tierra, el mismo pueblo maldito por el abandono… y doblemente maldito por la permanencia”.
Tap-tap-tap.

* * *

-¿Hotel? –repitió el viejo, y se carcajeó, como si se resquebrajara por dentro-. ¡No, m’ijo! Aquí no hay nada de hotel, agárrate si quieres la casa que se te antoje, al cabo que nadie vive aquí desdi’ace mucho…
-¿Y usted?
El viejo se carcajeó de nuevo.
-¿Y dónde es la Media Luna?
El viejo ya no se rió; su cara parecía triste otra vez, como cuando saludó a Ramón desde detrás de una empalizada.
-P’allá… por este camino sales.
Emocionado, Ramón siguió su indicación, caminando por una terracería del color del nublado que techaba el cielo.

* * *

Tap-tap-tap.
No.
-No voy a mirar –murmuró.

* * *

“¡Esta era la casa! ¡Éste el cuarto! ¡Este es el lecho de colcha apolillada, polvosa, que me ha esperado aquí más de medio siglo! De acuerdo, no es fiel a como yo lo había visualizado todo, ¡pero aquí estoy! ¡Esta era la casa en la que todo pasó! ¡Estoy seguro! ¡Estoy aspirando ese mismo aire que Susana San Juan dejó sin respirar!
“¡Estoy aquí, Juan, como te prometí cuando nos conocimos en ese pequeño, maravilloso libro tuyo! ¡Estoy aquí, en este pueblo que hiciste mi pueblo con cada una de las palabras que le dedicaste!
“Y es como si tú también estuvieras aquí”.

* * *

-Mira, hay una luz en esa ventana.
-¿Dónde?
-Allí, en la Media Luna, en donde doña Susana siempre dejaba prendido porque le daba miedo la noche.
-Otra vez…

* * *

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